“La Defensa del Matrimonio y la Familia…”
Lic. Francisco Javier Álvarez de la Fuente
alvarezfj.2@gmail
La Unión Nacional Sinarquista defiende el matrimonio, aquel que se establece mediante la donación mutua de un hombre y de una mujer, que han entendido que ambos están llamados a construir su familia y la sociedad aportando cada uno desde su condición de ser hombre y mujer, pero donde ambos tienen la posibilidad de desarrollar todas sus potencialidades humanas sin renunciar a lo que específicamente como padre o madre deben dar.
El mundo contemporáneo, habiendo abierto a la mujer la posibilidad del estudio y de la profesionalización, ha comprendido toda la riqueza laboral y de transformación que ella está llamada a hacer. Pero haber abierto esta puerta, necesaria y justa, ha sido tergiversada por quienes creen que la maternidad o el ejercicio de ella van contra la posibilidad de desarrollo laboral y económico.
El matrimonio cristiano es el sueño de Dios: hombre y mujer, llamados a la complementariedad, estableciendo un consorcio de amor, en el que ambos llegar a la oblación del uno por el otro, se ponen en la tarea de educar juntos a los hijos y hacer del mundo laboral, económico y profesional no una cancha de competición sexista sino un espacio donde se entienda lo que tanto él como ella pueden dar.
El problema radica cuando el matrimonio es visto como la sumatoria forzada de dos voluntades donde 1+1=2 o como piensan algunos otros, que el matrimonio es la necesidad de dejar de pensar sólo por mí mismo para empezar a pensar por los dos. Tampoco. Nadie puede pensar por nadie ni le puede negar al otro la posibilidad de que lo haga. El matrimonio no es pensar como un yo o como un tú y yo, sino que el matrimonio es una pensar “nosotros”. Ese pensar “nosotros” exige tener en cuenta el parecer, la opinión, el deseo del cónyuge sin suponer qué es lo que desea o anular su gusto, pero eso sí, estando dispuestos ambos a morir a lo bueno para llegar a lo mejor.
No va el matrimonio contra el desarrollo humano de la mujer, ni es tampoco un acuerdo de subyugación por parte de ella a su marido en la que renuncia a su unicidad e identidad; el matrimonio no es una hipoteca de sí misma a un extraño en nombre del amor; lo que sucede es que ambos toman la arriesgada decisión de convertir al otro en un fin en sí mismo del cual cada uno es un medio para que lo logre. De lo que se trata es de ser padres sin renunciar a ser profesionales, ni ser profesionales por encima de la paternidad. Los hijos, el matrimonio, la alianza esponsal, el nuevo modo de libertad condicionada, no pueden verse como una amenaza al desarrollo humano, cuando es justamente todo lo contrario pues la familia es el espacio donde podemos desplegar todo lo que estamos invitados a ser.
Es necesario formarse, conocer la manera como el Sinarquismo y la Iglesia defienden la belleza del amor humano, del amor matrimonial y por eso ha estado dispuesta a dejarse “dar palo” sólo por ayudar al hombre a encontrar el verdadero significado de la felicidad.
Esta visión de la Unión Nacional Sinarquista, propuesta por la Sinarquía Nacional y aprobada por la Asamblea Nacional el pasado 10 de noviembre, no es nueva, ya que siempre ha existido en los sinarquistas, dado que es la misma que pregona la Doctrina Social Cristiana, pero en esta ocasión se ha convertido en una bandera de lucha en contra de aquellas políticas y políticos que con sus ataques, y acciones que han logrado plasmarlas en leyes iniciando por el Distrito Federal y que va cundiendo en algunos estados de la República Mexicana, y que nuestra lucha no cesará hasta que todos o la gran mayoría de los mexicanos se una desde las diferentes trincheras en donde se encuentren y levantemos la voz y gritemos a voz en cuello que en México la familia es lo más importante, porque es la base de la sociedad y para hacer lo que nos corresponde …¡Aquí estamos!
