Guémez, Tamaulipas.- Los años y males físicos empiezan a causar estragos a Doña Mónica García Ordóñez, la popular “Moni” que por las tardes vende pan en las calles de esta cabecera.
Es la autora del famoso “pan de Guémez, casero, sencillo, diferente al de las panaderías por el poco dulce que lleva”, como dice.
Con ojos tristes, voz suave y pausaba reseña que es panadera en la tierra de los filósofos desde hace casi medio siglo. Comenzó a los 24; tiene 70 y va para rato.
El ánimo no decae pero “ya no es lo mismo” de cuando tenía juventud. Antes horneaba dos veces por día; ahora dos o tres por semana.
La operaron de las rodillas por el 2008. Tiene prótesis. La aqueja un mal en su columna vertebral que la hace caminar encorvada y, este sí, no tiene remedio como le dijeron los médicos.
Duró años valiéndose de una silla de ruedas en la que cargaba sus cajas de pan para salir a la plaza, las calles a ofrecer su arte. Con el tiempo el vehículo se deterioró.
Es por eso que el alcalde Lorenzo Morales Morales fue a entregarle, hasta su casa, un moderno remolque de aluminio, tipo vitrina, que le facilita desplazarse. Se lo agradece profundamente.
Acompañada de su esposo Edelmiro Mata, Doña Moni va contando sus historias.
Nació y se crió en Guémez. Tenía una “casillita” (pequeño comercio) por el rumbo y todos los días compraba pan “a un señor que vivía como a tres cuadras de la plaza”, para ella revenderlo.
-Un día me preguntó ¿no te gustaría hacer pan? y le respondí que sí.
Le encargó un kilo de harina, medio de manteca y medio de azúcar, amasaron y hornearon. Lo vendió.
-Desde entonces me gustó y mi mamá me dijo: Verás que te voy a hacer un panaderito para que hagas pan.
Fue el comienzo de un oficio del que aprendió los secretos para enfrentar la vida, y que le sigue dando para resolver necesidades económicas.
“Haber que gobierno me jubila”, dice en broma mientras suelta una leve sonrisa.
Trabaja con leña, lo que le da a su producto ese clásico aroma y sabor de antaño.
-¿Alguien más hace pan aquí?
-Así, sencillito no. Traen de panaderías de Padilla o Victoria. De este casero nada más yo. Dicen que antes una mayoría de señoras horneaba para la familia porque tenían muchos hijos.
-¿Algún secreto en su panadería?…
-No, nada mas lo normal. Es pan sencillo, harina, manteca, levadura y poquita sal. Si lleva mucha levadura se vuelve seco y, con poca, queda más esponjadito.
A pesar del casi medio siglo tiene presente el nombre de quien le enseñó el arte: Don Cipriano.
La operación de las rodillas
No sabe por qué pero los cartílagos de las rodillas se le fueron desgastando, hasta que los dolores fueron insoportables. Pidió ayuda y la operaron en el Hospital General de Victoria, gratis.
Le dijeron que utilizaron marfil como material. Dejó de causarle dolor.
-¿Cómo le hizo?
-Cuando vino el Gobernador –Eugenio Hernández Flores- a inaugurar el Centro de Salud, me acerqué y le dije que si me podía apoyar porque no podía caminar… Ordenó al secretario que me anotara y me dio una tarjetita, fui y no me cobraron nada.
-“Salía como en 60 mil pesos acá en lo particular”- secunda Edelmiro, el esposo.
Recuerda también el nombre del médico que le devolvió el poder caminar: Guadalupe Nava.
Resolvió el problema pero siguió otro, este sí incurable: El caminar encorvada. No le duele pero no es normal.
-¿Problemas de la columna?.
-Camino así de tanto manejar mi carro -silla de ruedas- . Voy agachada y la columna se me hizo curva. No me duele pero no aguanto a estar derecha
-Los médicos ¿le han dicho algo?
-El que me operó de las rodillas, que me puso las prótesis me dijo: No´mbre eso no se puede operar, eso así va a quedar…
No se resigna, nunca se resignará. La ciencia avanza con los años. Un día puede llegar la siguiente operación milagrosa.
Mata, el esposo, recuerda que podría ser hereditario. La madre de ella también se quedó “agachada” luego de un problema de fractura en una pierna.
Si usted ve por ahí a Mónica con su carro, cómprele, que es el auténtico “pan de Guémez”, original de la tierra de los filósofos.




