Estación Carboneros, Municipio de Victoria, Tamaulipas.- Este 20 de noviembre, Manuel Díaz Medina, cumplió sus primeros 61 años. Para ganarse el pan de cada día trabaja en un vivero.
Sus amigos le apodan “El Mono”, que no le desagrada.
Todo estaría bien, la gente en edad productiva trabaja para llevar algo a su mesa. Pero se da el caso que Manuel está ciego desde hace muchos años.
“A los 30 todavía miraba y trabajaba con la yunta, pero se me fue cortando hasta que ya no vi nada”, dice mientras riega plantas de aguacate a orillas de la vía del ferrocarril Victoria-Monterrey, muy cerca de su domicilio.
Proviene de una familia de ciegos. Los médicos le dijeron que ya no tiene remedio.
-Es hereditario porque mis tíos así nacieron -dice.
Una hermana y un hermano vinieron al mundo con la misma deficiencia.
Tratando de hacer una vida normal, un día se casó, o “arrejuntó”. Se trajo una mujer veracruzana, de por allá de La Huerta. El gusto le duró nueve días -que los tiene contaditos. Lo abandonó.
-La suegra no me quería, porque ella era secretaria y yo cuidaba vacas y andaba todo apestoso.
Un día se fue a ver a la mamá y ya no regresó. Cree que la convenció de ya no volver con él.
Mostrando su orgullo, Manuel nunca fue a buscarla. Sigue solo, ya sin ganas de matrimoniarse.
Vive con una hermana a la que también le falla la vista.
-¿Fuiste a la escuela?
-Sí, como hasta cuarto o quinto año.
-¿Cómo firmas?
-Me ponen la huella
-¿Empadronado en el INE?
-Sí, tengo mi credencial
-¿Ejerces el derecho al voto?
-Siempre voto para Presidente Municipal de Victoria
Se guía con un bastón. A tiendas todos los días cruza la vía férrea, llega a la huerta, abre un portón, enciende las bombas y se pone a regar. Ha aprendido donde está cada objeto.
A pesar de sus males el ánimo no decae. Dice que anda al cien. Todos en la comunidad lo conocen y apoyan. El vecino de una huera es el que le da trabajo.


