Guémez, Tamaulipas.- El calor sofocante que ronda los 40 grados no amedrenta a los Hermanos Ibarra, trovadores del ejido el Arco que sudan la gota gorda.
-Voy a cantar un corrido, lleno de mucha emoción, pa festejar al ejido, Ricardo Flores Magón.
Y agregan la siguiente parte que honra a la comunidad:
-Del municipio de Guémez, es un ejido sencillo, es del año 29, antes era el Armadillo.
Día de fiesta para los lugareños y sus invitados, un festejo como Dios manda que comenzó con misa de Acción de Gracias en la parroquia, cabalgada a lomo de sus cuacos, evento formal con toda solemnidad, un minuto de silencio por sus fundadores y la comida.
Nació como poblado El Armadillo y, el 19 de junio de 1929, los 70 habitantes recibieron posesión formal de 672 hectáreas.
Cada año rinden homenaje a los íconos de la lucha que los llevó a ser propietarios de su tierra, Enrique Enríquez y Eugenio Paz, aquellos que el 18 de noviembre de 1927, armados de valor, solicitaron la dotación al Gobernador Emilio Portes Gil, en plena efervescencia del reparto agrario.
Son datos que lleva en la memoria el comisariado ejidal, Gumaro Zúñiga Torres, quien extiende el homenaje para otros integrantes de aquel puñado de hombres que hicieron realidad el sueño de dejar de ser peones, para convertirse en dueños del pedazo que trabajaban.
A Gumaro se le quiebra la voz –“una basurita en el ojo”- cuando da lectura a un pergamino de reconocimiento a Bonifacio Ríos García, con 52 años de ejidatario, nacido en 1938.
En Flores Magón tienen presente el espíritu de Raymundo Huerta, Eugenio Paz, Celestino Reyes, Estanislao Carrizales, Francisco Uvalle, Francisco Chávez, Félix Tinajero, Diego Nava, Rito Zapata, Santos Tinajero, Apolonio Nava, Abraham Zamora, Faustino Reyes Crecencio Rosales y otros que, en las precarias condiciones de la época, no alcanzaron ni segundo apellido.
Como la vida no es eterna, se han ido pero su ejemplo perdurará en las nuevas generaciones.
Invitaron a su evento al Presidente Municipal, profesor Lorenzo Morales Amaro, quien resalta la importancia de rendir homenaje a los líderes que son ejemplo por su lucha.
El edil entrega el reconocimiento a Bonifacio, oriundo esta misma tierra, pilar de una familia donde hay profesionistas que no olvidan sus orígenes y arraigo.
“Es importante reconocer a los antepasados y decir a las nuevas generaciones que sigamos aquí, que nos enseñemos a cuidar la tierra, le dediquemos tiempo, que salgamos a estudiar y regresemos a seguir dando vida a Ricardo Flores Magón”, manifiesta el alcalde.
Invitaron a otro ejidatario, “de lujo” este, Felipe Gaza Narváez, hoy delegado de la secretaría de Gobernación en Tamaulipas, criador de ganado desde hace varios años.
Acude a todos los eventos de la comunidad. Lleva varios aniversarios en que comparte el pan y la sal con la comunidad.
La cueva “donde hay mucho dinero”
Flores Magón se erige frene a dos cerros que son emblemáticos de la región, pero sobre los que se tejen historias de brujerías, fantasmas y dinero enterrado.
Para el comisariado Zúñiga Torres el cerro “es mudo testigo de honor donde diariamente transitan los compañeros a sembrar su tierra”.
Su altura es de alrededor de 40 metros con una caída sobre el cauce el río San Marcos (que viene ciudad Victoria), benefactor de tierras de riego en Flores Magón antes de desembocar en la presa Vicente Guerrero.
Régulo Gaza Nava, que vino al mundo aquí en 1952, dice que hacia el interior del cerro hay una cueva.
-Por la noche se pone rojo porque hay mucho dinero!!.
-¿Por qué no lo han sacado?.
-Porque es federal y no se puede tumbar el cerro.
José del Carmen Zapata va un poco más allá. Cuenta las leyendas transmitidas de boca en boca desde las primeras generaciones de lugareños.
Una de ellas dice que, por aquellos años, un arriero que cargaba cal se “perdió” en la cueva. No supo cómo pero despertó en medio de un gran tesoro que comenzó a cargar en su burro. Al querer salir la puerta de piedra le tapó el paso y se escuchó una voz: ¡Todo o nada!.
Se regresó y descargó. Así pudo salir.
Y se regocija cuando menciona que hace años un “brujo” muy valiente llegó al pueblo con la intención de entrar a la cueva. Llevaba equipo detector de tesoros. Quería cargar con él.
-Yo lo llevé. Era de nochecita. Nos íbamos acercando cuando se escuchó un grito horrible, luego otro, fueron tres gritos…
-¿El Diablo?
-Con seguridad que sí.
El valiente buscador de tesoros salió corriendo y dijo: “Vámonos de aquí!”. Estaba pálido.
Zapata invita a visitar el cerro y la cueva a media noche, cuando se habla de espantos.
Es ahí donde la comunidad colocó la Santa Cruz, que venera, para alejar a los Demonios.












