Cd. Victoria, Tamaulipas.- El sábado primero de junio de 1963, a través de una edición extra de El Diario de Ciudad Victoria (1), los habitantes de la entonces pequeña capital de Tamaulipas recibieron una noticia por demás preocupante:
En el municipio de Villagrán, un choque entre fanáticos religiosos con cuerpos policiacos había dejado un saldo incontable de muertos y heridos.
En el ejido La Yerbabuena, murió en el lugar de los hechos Luis Martínez Hernández, agente de investigaciones, y resultaron heridos otros dos antes que intervinieran fuerzas del Ejército que vinieron desde Tampico.
El comandante Juan E. Piña, del cuerpo de rurales, había salvado la vida milagrosamente: Una de las balas le dio en la placa metálica de la corporación que portaba en el lado izquierdo de su pecho. No alcanzó ni un rasguño.
No corrieron la misma suerte el síndico del ayuntamiento Vicente Sánchez, quien sufrió factura del húmero, y el comandante de la policía municipal, Leopoldo Estrella, recibió plomo en una rodilla.
Los integrantes de la secta hacían sacrificios animales y humanos de sus enemigos en una cueva cercana al poblado, amen de realizar orgías sexuales con la participación de hombres y mujeres del pueblo.
Enterado de la situación, el Gobernador Praxedis Balboa Gojon envió de inmediato al Procurador Pablo Villanueva al frente de los cuerpos de seguridad, comandados por el jefe de Investigaciones, y él personalmente se trasladó a la presidencia de Villagrán para tomar decisiones sobre la marcha.
Con él viajaron algunos de sus colaboradores y el fotógrafo oficial Juan Nava Baltiérrez (2), quien tomó sus placas para la historia. El pueblo estaba inundado por periodistas de otras partes del país y el mundo. Tamaulipas era noticia universal.
Desde rancherías cercanas, los rurales trasladaron a Victoria a un total de 39 detenidos entre adultos, hombres y mujeres, y hasta menores de edad. Algunos adolescentes habían disparado armas de fuego. Los cabecillas huyeron.
Cayetano Hernández, autollamado El Santo Padre, fue asesinado por sus compañeros, en tanto que su hermano Santos, Juan Vázquez Guerrero y un chamaco de 14 años llamado José Guerrero, cayeron ante las balas de los agentes policiacos. Opusieron resistencia al arresto y dispararon contra las fuerzas del orden.
Piña y sus hombres de la Rural capturaron más tarde a dirigentes del grupo diabólico identificados como Felipe Luna Rangel, Eleazar Solís, Antonio Saucedo y María Magdalena Solís, entre otros. También a Lilia Quintanilla, domiciliada en Juan José de la Garza, 2709 de Monterrey, N. L.
Entre los sacrificados se mencionó a Celina Saldaña, Arturo y Héctor Arias Luna que fueron quemados vivos.
El balance de los primeros incidentes fue de siete muertos y diez heridos, incluyendo a los elementos policiacos.
1.- El Diario de Ciudad Victoria 1º. Junio 1963 y ediciones posteriores
2.- Fotografías exclusivas de Juan Nava Baltiérrez, a cuyo fallecimiento en septiembre de 2017 su biografía quedó inédita







