Guémez.- Histórica (segunda población fundada por el colonizador José de Escandón) y con abundantes recursos naturales, Guémez espera en sus balnearios a miles de visitantes en estos días de descanso, para lo cual se han organizado medidas de auxilio y preventivas.
Para ello han sido implementadas medidas de seguridad no solo durante el periodo vacacional de Semana Santa, sino que lo habrá durante la época de verano en que las familias buscan acercarse a los balnearios y convivir co la naturaleza.
La coordinación se ha establecido entre los grupos de protección civil, elementos de seguridad pública tanto del gobierno federal estatal y municipal, al igual que grupos de ayuda voluntaria y en especial de los pobladores de cada uno de los lugares, como el paraje El Tigre, de renombre internacional por su naturaleza virgen.
Tradicionalmente a este río llegan miles de vacacionistas procedentes del norte del país, en especial de Nuevo León, además del sur de los Estados Unidos, muchos de ellos en autobuses especiales turísticos, a quienes se les ofrece seguridad física y servicios.
Las autoridades se encargan también de la vigilancia en la ruta natural hacia el ejido Los San Pedros, en lo alto de la sierra, que es uno de los parajes más atractivos de México.
Las autoridades se esfuerzan por brindar un servicio adecuado para poner en alto el nombre de nuestro municipio y nuestra entidad, solo con la satisfacción que su actividad es recompensada al ver en los paseantes la alegría al saber que en las carreteras del estado cuentan con servicio mecánico, ambulancias de servicios médicos y sobre todo, elementos de seguridad.
ATRACTIVO DEL PASEO EL TIGRE
Es uno de los parajes más hermosos de Tamaulipas.
Es único por su naturaleza e interesa a nivel nacional e internacional, como lo demuestran los visitantes que llegan en autobuses y automóviles con placas de muy diversas entidades del país.
Tiene visitantes en toda época del año, pero su número aumenta en la Semana Santa y en el ciclo vacacional de verano, en julio.
Son aguas cristalinas, transparentes, frías. Provienen del río Corona, que nace como diez mil metros arriba rumbo al estado de Nuevo León.
Vemos que aquí se encuentra uno más de los veneros que conforman el caudal utilizado para riego y con ello da vida a toda una región de este y otros municipios.
Este lugar se halla precisamente entre los límites de los municipios de Guemes e Hidalgo. El cauce es el lindero entre las dos jurisdicciones.
Un paseo extraordinario, de aguas todavía no contaminadas por la mano del hombre.
Los frondosos árboles, sabinos, dan una sombra que mantiene temperaturas agradables en la época de calor.
Y más allá, rumbo al municipio de Hidalgo, en la sierra, se conserva la selva virgen, impenetrable.
Hay vacacionistas y aventureros que se adentran en ella por semanas, o bien cruzan hacia Nuevo León, a pie. Otros acampan en el rumbo por varios días.
Las instalaciones son extraordinarias, con asadores y sombreaderas para los visitantes, por lo cual se cobra una cuota de recuperación.
En esta parte del río es donde se encuentra la saca de agua para el sistema de riego.
Puede afirmarse que la naturaleza fue benigna con Guemes. Y no es el único paraje en el río, sino decenas de ellos.
Además, por este municipio cruza también el río Purificación, antes de desembocar en la presa Vicente Guerrero.
Y hay otras corrientes de agua, como el Río Corona, donde hay parajes interesantes, y el Purificación, el, poblado El Carmen con sus aguas siempre atractivas para las familias, o Las Pilas.
A LOS QUE GUSTAN DE LA HISTORIA
Y a los que gustan, aquí se encuentra el templo de San Francisco de Asís, en la cabecera municipal, que tiene una ya larga vida, interesante.
De acuerdo con la historia de los religiosos, después de la fundación, y en sus inicios, el templo perteneció a la Congregación de la Propagación de la Fe, que tenía su sede en Guadalupe, Zacatecas.
Había por entonces 79 familias administradas por un religioso venido de allá.
Para 1770 los habitantes habían disminuido, ya que solo eran 60 las familias y su misión era San Toribio de Liébano, que no ten’a indígenas congregados.
Más antes su misión era la de San Antonio de los Llanos.
Sin embargo, en 1773, o sea después de 24 años de la fundación de esta comunidad, dicho templo se secularizó y pasó a corresponder al Obispado de Nuevo León.
En 1870 se integró al llamado Obispado de Tamaulipas, que tuvo su sede en Victoria y después en Tampico.
Cuando El Vaticano decide dividir las Diócesis de Tamaulipas, en 1964, Guémez queda en la de ciudad Victoria.
Bien, las últimas remodelaciones culminaron el 15 de julio de 1990.
ES LA TIERRA DEL FILOSOFO
Pero Guémez acabó de trascender más allá de las fronteras, cuando el político y deportista Ramón Durón Ruiz escribió su libro El Filósofo de Guémez, a principios de los años ochentas del siglo pasado.
Es una compilación de lo obvio, lo necio, en la voz de hombres comunes, inteligentes de aquella región, cuyas enseñanzas son un ejemplo para las nuevas generaciones.
Durón se habría inspirado en las enseñanzas de Don José Sánchez Castillo y sus ancestros, que llegaron a Guémez por el año de 1900, cuando apenas se integraban los límites entre Tamaulipas y Nuevo León.
Fueron dicharacheros y alegres que inventaban y componían tallas “en el aire” y tenían el aprecio de sus vecinos y los visitantes.
Pues bien, Guémez, La Tierra del Filósoso de allá mismo espera a los vacacionistas de Semana Santa y más allá de ella.
