Director General: Felipe Martínez Chávez
miércoles, abril 29, 2026
Felipe Martínez
  • Inicio
  • Nota del día
  • Noticias
  • Reportajes
  • Columnas
  • Aviso de privacidad
  • Derecho de réplica
  • Turistam
No Result
View All Result
  • Inicio
  • Nota del día
  • Noticias
  • Reportajes
  • Columnas
  • Aviso de privacidad
  • Derecho de réplica
  • Turistam
No Result
View All Result
Felipe Martínez
No Result
View All Result

Cuestión pública

12 mayo, 2011
in Editoriales
0
Spread the love

Luis Lauro Carrillo

CORRUPCION Y “BUEN GOBIERNO”.

Es una constante que a México le vaya muy mal en la medición de los índices de corrupción y buen gobierno que hacen organizaciones de prestigio mundial como Transparencia Internacional. Pero este año se excedieron las expectativas  y el problema dejo a de ser “normal” para tornarse preocupante.

Lo anterior viene a colación por el resultado del estudio elaborado por Transparencia Mexicana que revela que el costo económico de la corrupción en México en 2010 rebasó los 32 mil millones de pesos, registrando un incremento de cinco mil millones de pesos más en relación con 2007.

De acuerdo a este índice de Corrupción, México paso de 197 millones de actos de corrupción  a 200 millones de estos y por cada soborno  en promedio se pago de 138 a 165 pesos.

La corrupción se ha definido como el uso ilegitimo del poder público para el beneficio privado. Así como un fenómeno social, a través del cual un servidor público es impulsado a actuar en contra de las leyes, normatividad y prácticas implementados, a fin de favorecer intereses particulares.

Como consecuencias: la corrupción inhibe el progreso económico y social del país, por un lado, y dificulta el fortalecimiento de las instituciones y la mejora en la gestión pública por el otro.

Favorece la consolidación de élites y burocracias políticas y económicas; erosiona la credibilidad y legitimidad de los gobiernos; reproduce una concepción patrimonialista del poder; reduce los ingresos fiscales e impide que los escasos recursos públicos coadyuven al desarrollo y bienestar social.

Permite la aprobación y operación de leyes, programas y políticas, sin sustento o legitimidad popular; revitaliza una cultura de la corrupción y contribuye a su proliferación.

Por otro lado envía señales equivocadas hacia el exterior, tanto a los inversionistas como a los gobiernos extranjeros que ven a México como un país negativo para realizar inversiones o para pactar futuros esquemas de colaboración económica y comercial.

Lamentablemente el diseño institucional del Estado mexicano está configurado para que la corrupción sea impune y para dejar sin sanción conductas que deben ser objeto de castigo.

De ahí que es ineludible que un Estado como México que se precia ser de Derecho debería exigir a sus servidores públicos mucho más responsabilidad.

Pero el compromiso responsable no se da en la realidad cuando las obligaciones son meramente declarativas, cuando no son exigibles, cuando hay impunidad, o cuando las sanciones por su incumplimiento son inadecuadas.

En la sociedad mexicana donde «todo se puede» y «todo se compra», estas conductas delictivas rompen el tejido social y crea en la conciencia de las nuevas generaciones la percepción de que las leyes y normas establecidas son flexibles  y siempre pueden ser ajustadas  o violadas  a voluntad de los prevaricadores y con recursos de por medio.

Los escandalosos actos de corrupción, como la aprobación de las cuentas públicas del gobierno federal, alcaldes y gobernadores de todo el país sin importar el partido político a que pertenezcan, el 20 por ciento de las constructoras para ser favorecidas en las licitaciones, contribuyentes beneficiados con resultados de auditorías fiscales y en general los sobornos por todo tipo de tramites o infracciones, son el pan de corrupción de  cada día.

Medidas como las denuncias anónimas, los candados a licitaciones, creación dependencias de acceso a la información pública, aumento de penas a servidores públicos  corruptos  y a ciudadanos que buscan comprar favores  de funcionarios, que lejos de disminuir la corrupción ésta va gravemente en aumento.

De ahí que los datos de transparencia mexicana constituyen un revés a todo el entramado anti corrupción de la administración pública  que se ha creado en el país  y en las entidades  de la republica  para transparentar procesos.

Las leyes de transparencia tienen como objetivo abrir la función pública al escrutinio ciudadano, sin embargo, han dado vida al cinismo de las autoridades que, frente a las pruebas de que varias cosas andan mal, no hacen absolutamente nada. De ahí el chiste de que en México no hay leyes que se respeten y que no se cumple ni siquiera con la ley de la gravedad.

En definitiva la corrupción es consecuencia de factores como la debilidad de las instituciones y de la carencia de una política de Estado para combatirla. Además el desafío para controlar la corrupción, exige instituciones sociales y de gobierno que funcionen adecuadamente. Ya no podemos seguir concibiendo un país de corruptos y cínicos, expertos en torcer  la ley a su favor.

[email protected]

Twiter.com/luiscarrs

Next Post

Con el “morral vacío”, custodiada por marinos, “Chepina” Vázquez Mota visita Tamaulipas

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No Result
View All Result

Entradas recientes

  • Crece confianza para la inversión en Victoria: Gattás.
  • Continúa Tamaulipas con la meta de lograr electrificación al 100% en comunidades rurales
  • Conquista Tamaulipas 15 medallas en tiro con arco en Olimpiada Nacional
  • FGR tomará caso Chihuahua: Nacho Mier.
  • Se abstiene Maru de asistir al senado.

Archivos

Categorías

Meta

  • Acceder
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.org
No Result
View All Result

© 2021 OpinionPublica.net

No Result
View All Result
  • Inicio
  • Nota del día
  • Noticias
  • Reportajes
  • Columnas
  • Aviso de privacidad
  • Derecho de réplica
  • Turistam

© 2021 OpinionPublica.net

error: Contenido protegido