Cd. Victoria, Tamaulipas.- Pesada la bromita de Carmen Lilia Canturosas: “A partir de hoy Tampico tiene frontera con Estados Unidos y Nuevo Laredo tiene puerto marítimo”.
Las alcaldesas de Nuevo Lardo, Carmen Lilia Canturosas y de Tampico, Mónica Villarreal, firmaron convenio para crear el que llamaron Corredor Económico Tamaulipeco.
Hubo fotografías, discursos, sonrisas y frases sobre integración regional, estatal, competitividad y desarrollo compartido.
Lo que faltó fue explicar para que servirá en la práctica.
Más allá de la ceremonia, Nuevo Laredo y Tampico representan dos realidades económicas y logísticas que difícilmente se necesitan entre sí.
Una vive del comercio terrestre con Estados Unidos y de las maquiladoras extrajeras. La otra de su zona portuaria, industrial y energética. Cada una tiene sus propias rutas, mercados, proveedores y ventajas geográficas.
Nuevo Laredo es el principal cruce comercial terrestre de México. Su industria maquiladora y empresas de transporte están diseñadas para mover mercancías hacia el lado americano por carretera o ferrocarril, no para enviarlas a cientos de kilómetros al sur.
Absurdo que un industrial neolaredense (extranjeros en su mayor parte) pierda tiempo, combustible y por tano dinero, trasladando su producción hacia el Golfo, cuando tiene frente a sí el mercado estadounidense, el Puerto del Norte y conexiones cercanas con terminales marítimas de Texas.
La iniciativa privada no trabaja para alimentar discursos políticos, si no para reducir costos, acortar tiempos y obtener utilidades.
De la misma forma los industriales de Tampico, Madero y Altamira no parecen tener razones económicas para llevar su carga hasta Nuevo Lardo. Tienen a sus pies dos puertos, infraestructura ferroviaria, carreteras y terminales especializadas.
¿Por qué habrían de encarecer sus operaciones enviando mercancías hasta la frontera?, es la pregunta que las alcaldesas no respondieron.
Es un “corredor económico” que nació muerto y por tanto no servirá ni para aspiraciones políticas.
Su éxito no depende de la firma ni la foto del momento. Requiere estudios de mercado, proyectos de infraestructura, compromisos empresariales, inversiones, análisis de costos y participación de transportistas, agentes aduanales, exportadores, navieras ¿los consultaron?.
Pura política en la locura por llegar al Gobierno del Estado. El tal convenio es pura ocurrencia ¿hicieron los estudios de mercado y proyectos? ¿en qué van a colaborar o facilitar?. Los empresarios con seguridad no.
Ningún empresario cambiará sus rutas para darle gusto a las presidentas. Tampoco gastará más dinero para justificar una ocurrencia bautizada como estrategia económica.
Por ello el convenio suena más a vacilada que a planeación. Tamaulipas no se integra con discursos. Las presidentas no tienen facultades para modificar rutas internacionales, construir obras logísticas ni comprometer inversiones privadas.
El Corredor Económico Tamaulipeco no conducirá a nada. Por ahora es un corredor de aspiraciones políticas, una vía imaginaria que no transporta mercancías pero sí busca transportar nombres y ambiciones hacia la sucesión estatal.
Algún asesor del norte pensó que “juntar” Nuevo Laredo y Tampico produciría un gran golpe mediático. Lo que causó fue una pregunta inevitable ¿quién necesita realmente el convenio? Los maquiladores del norte, no. Los industriales del sur, tampoco.
El final: Un corredor de papel, carreteras imaginarias y empleos que se quedan en palabras de pasarela electoral.
Lo que tratan de transportar son aspiraciones políticas.
Lo bueno es que, una semana después de la hazaña entre las presidentas del norte, Carmen Lilia y del sur, Mónica Villarreal, el tema quedó olvidado y no se volverá a tratar

